El riesgo del fumador pasivo

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A pesar de la declinación de la mortalidad debida a enfermedad coronaria que se ha experimentado en las últimas décadas, esta patología constituye todavía la primera causa de muerte en USA y en muchos países industrializados.

En 1996 la estimación de “muertes por enfermedad coronaria” mostraba que más de 1 cada cinco muertes (mas del 20% de la mortalidad total) eran debidas a esta causa.

La exposición pasiva al humo que exhalan los fumadores es un hecho bastante frecuente en la población general.

En USA el 43% de los niños de entre los 2 meses y los 11 años de edad y el 37% de los adultos no fumadores están expuestos a los efectos del humo, constituyéndose en lo que se conoce como “fumadores pasivos”.

La relación entre el aumento de riesgo de enfermedad coronaria asociada con ser fumador pasivo tiene implicaciones importantes en salud pública.

Los estudios científicos realizados para investigar esta relación son coincidentes en demostrar que entre la población que no fuma, los fumadores pasivos tienen un 25% de incremento del riesgo de padecer enfermedades coronarias en relación con el resto de los no fumadores, sin distinción de sexo y de que el contacto con el humo se produzca en el hogar o en el trabajo.

Independientemente de la presencia de otros factores de riesgo, como por ejemplo: obesidad, hipertensión, estilo de vida, aumento del colesterol, dietas inapropiadas, etc.; el mero hecho de ser un fumador pasivo aumenta el riesgo de padecimientos coronarios.

Estas comprobaciones condujeron a estudiar las alteraciones que la inhalación del humo provoca en el organismo. Los efectos agudos incluyen un incremento de la presión arterial y mayores niveles sanguíneos de carboxihemoglobina y de monóxido de carbono circulantes, lo que significa intoxicar a los tejidos. Además aumenta el colesterol total y disminuye el HDL colesterol (popularmente conocido como el “colesterol bueno”). Por otra parte se producen cambios en los elementos sanguíneos: las plaquetas tienden a agregarse con facilidad aumentando la posibilidad de que se produzcan trombos, el mismo endotelio arterial (capa interna de las arterias que esta en contacto con la sangre) resulta dañado y los neutrófilos (que forman parte de los glóbulos blancos o leucocitos) se activan y favorecen la formación y la progresión de las placas de ateroesclerosis en las arterias..

La mujer embarazada que se convierte en “fumadora pasiva” padece, adicionalmente, los riesgos inherentes a las alteraciones de su embarazo y del feto que produce la inhalación del humo.

No solo los adultos son fumadores pasivos, los niños en su hogar, en la escuela, en los comedores comunitarios, en hogares o instituciones de caridad, etc. pueden constituirse en fumadores pasivos y potencialmente incrementar su riesgo a futuro de padecer coronariopatías, lo que deberá ser analizado en estudios a largo plazo.

Para disminuir la tasa de enfermedad coronaria, primera causa de muerte en el mundo occidental, es necesario combatir tanto el tabaquismo activo como el pasivo. La única forma de proteger a los no fumadores es eliminar el uso de tabaco en las áreas públicas, en el trabajo y aún en el hogar.



Fuente: respuestamedica.com

 
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